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15 cuentos cortos infantiles para leer con los niños

Hubo un tiempo en que los cuentos eran el único medio de entretenimiento para los niños. Hace una o dos décadas, ellos pasaban su tiempo leyéndolos e interpretando a sus personajes favoritos. Sin embargo, los tiempos han cambiado; en la era de Internet, los niños pasan la mayor parte del tiempo jugando en sus teléfonos inteligentes, viendo dibujos animados o videos en YouTube. Pero si desea que sus hijos se tomen un descanso de las pantallas y experimenten un poco de su infancia, puede leerles los cuentos cortos que encontrará a continuación. Al narrarle historias a sus hijos, les impartirá sabiduría y también pasará tiempo de calidad con ellos.

Los mejores cuentos cortos infantiles

1. El toque dorado

Había una vez un hombre muy codicioso que vivía en una pequeña ciudad. Era muy rico, amaba el oro y todas las cosas lujosas, pero más aun a su hija. Un día, se encontró con un hada. El cabello de la misma quedó atrapado en las ramas de un árbol. Decidió ayudarla, pero cuando la codicia se apoderó de él, se dio cuenta de que tenía la oportunidad de enriquecerse pidiendo un deseo a cambio. El hada le concedió justo lo que él quería: «Todo lo que toques debería convertirse en oro»

El hombre codicioso corrió a casa para contarle a su esposa e hija sobre su deseo, mientras tocaba piedras y guijarros y los veía convertirse en oro. Una vez que llegó a casa, su hija se apresuró a saludarlo. Tan pronto como se inclinó para levantarla en sus brazos, se convirtió en una estatua de oro. Estaba devastado y comenzó a llorar y a tratar de revivir a su hija. Se dio cuenta de su locura y pasó el resto de sus días buscando al hada para que le quitara el deseo.

Moraleja de la historia: La codicia siempre es mala.


2. La lechera y su cubo de leche

Patty, una lechera, ordeñaba a su vaca y tenía dos cubos llenos de leche fresca y cremosa. Los puso a los extremos de un palito y se dirigió al mercado a vender la leche. Mientras avanzaba hacia el mismo, no dejaba de pensar en el dinero que ganaría vendiendo la leche y en qué se lo gastaría.

Hablaba consigo misma y se decía: «Una vez que tenga el dinero, compraré un pollito. La gallina pondrá huevos y yo conseguiré más gallinas. Todas pondrán huevos y las venderé por más dinero. Entonces, compraré una casa en la colina y todos me envidiarán». Estaba muy feliz de que pronto sería muy rica. Con estos pensamientos felices, marchaba entusiasmada hacia el mercado, pero de repente, tropezó y cayó. Ambos cubos de leche se derramaron y todos sus sueños se hicieron añicos. La leche se esparció por el suelo y lo único que pudo hacer Patty fue llorar. «¡Chau a mis sueños!» gritó tontamente!

Moraleja de la historia: No cuente sus pollitos antes de que nazcan.


3. Cuando la adversidad toca la puerta

Esta es una historia que explica cómo diferentes personas enfrentan la adversidad de maneras distintas. Había una niña llamada Asha que vivía con su madre y su padre en una aldea. Un día, su padre le asignó una tarea sencilla. Tomó tres vasijas llenas de agua hirviendo, puso un huevo en la primera, una papa en la segunda y algunas hojas de té en la tercera. Le pidió a Asha que vigilara los recipientes durante unos diez a quince minutos mientras los tres ingredientes se hervían de forma separada. Después de dicho tiempo, le pidió a Asha que pelara la papa y el huevo, y colara las hojas de té. Asha se quedó perpleja: comprendió que su padre estaba tratando de explicarle algo, pero no sabía qué era.

Su padre le explicó: «Los tres artículos se colocaron en las mismas circunstancias. Mira cómo han respondido de manera diferente». La papa se ablandó, el huevo se endureció y las hojas de té cambiaron el color y el sabor del agua. Dijo además: «Todos somos como uno de estos elementos. Cuando la adversidad llama, respondemos exactamente de la forma en que lo hacen. Ahora, ¿eres una papa, un huevo o una hoja de té?»

Moraleja de la historia: Podemos elegir cómo responder a una situación difícil.


4. La rosa orgullosa de su belleza

Érase una vez una hermosa planta de rosas en un jardín. Ella estaba muy orgullosa de su belleza, pero a su vez, estaba decepcionada de que estuviera creciendo junto a un cactus feo. Todos los días, la rosa insultaba al cactus por su apariencia, pero este ultimo permanecía en silencio. Todas las demás plantas del jardín intentaron evitar que la rosa intimidara al cactus, pero estaba demasiado influenciada por su propia belleza como para escuchar al resto.

Un verano muy caluroso hizo que el estanque del jardín se secara y las plantas no tuvieran el agua suficiente para vivir. La rosa comenzó a marchitarse lentamente y vio como un gorrión sumergía su pico en el cactus para beber un poco de agua. La rosa se sintió avergonzada por haberse burlado del cactus todo este tiempo, pero como necesitaba agua, fue a preguntarle al cactus si podía tener un poco de él. El amable cactus estuvo de acuerdo, y ambos pasaron el verano como amigos.

Moraleja de la historia: Nunca juzgues a alguien por su apariencia.


5. La unión hace la fuerza

Érase una vez, tres vecinos que vivían en un pueblo tenían problemas con sus cultivos. Cada uno de ellos tenía un campo, pero todos sus cultivos estaban infestados de plagas y se estaban marchitando. Todos los días, se les ocurrían diferentes ideas para combatirlas y seguir adelante. El primero intentó usar un espantapájaros en su campo, el segundo usó pesticidas y el tercero construyó una cerca, pero todo fue en vano.

Un día, el jefe de la aldea se acercó y llamó a los tres agricultores. Les dio a cada uno un palo y les pidió que lo rompieran. Los agricultores pudieron romperlos fácilmente. Luego les dio un paquete de tres palos y, nuevamente, les pidió que lo rompieran. Esta vez, los agricultores lucharon por romperlos. El jefe de la aldea dijo: «Juntos, son más fuertes y trabajan mejor que si lo hacen solo». Los agricultores entendieron lo que decía el jefe de la aldea. Juntaron sus recursos y eliminaron las plagas de sus campos.

Moraleja de la historia: La unidad hace la fuerza.


6. La hormiga y la paloma

En un día caluroso y abrasador de verano, una hormiga caminaba en busca de agua. Después de hacerlo durante algún tiempo, vio un río y comenzó a saltar de la alegría. Se subió a una pequeña roca para beber el agua, pero resbaló y cayó al mismo. Se estaba ahogando, pero una paloma que estaba sentada en un árbol cercano la ayudó. Al ver a la hormiga en problemas, la paloma rápidamente dejó caer una hoja al agua. La hormiga se acercó a ella y se subió. La paloma luego sacó con cuidado la hoja y la colocó en la tierra. De esta manera, salvó la vida de la hormiga y esta ultima quedó en deuda con la paloma para siempre.

La hormiga y la paloma se hicieron mejores amigas y pasaron muchos días felices. Sin embargo, un día llegó un cazador al bosque. Vio a la hermosa paloma sentada en el árbol y le apuntó con su arma. La hormiga, que se dio cuenta de la situación, mordió el talón del cazador. Este ultimo gritó de dolor y dejó caer el arma. La paloma se alarmó por la voz del cazador y se dio cuenta de lo que pudo haber pasado de no haber sido por la hormiga. ¡Finalmente se fue volando!

Moraleja de la historia: Una buena acción nunca queda sin recompensa.


7. El zorro y las uvas

En un caluroso día de verano, un zorro deambulaba por la jungla en busca de algo de comida. Tenía mucha hambre y buscaba desesperadamente algo para ingerir. Por más de que miraba y miraba para todas partes, no podía encontrar nada apetecible. Su estómago retumbaba sin cesar, hasta que de repente llegó a un viñedo cargado de jugosas uvas. El zorro miró a su alrededor para comprobar si estaba a salvo de los cazadores y, como no había nadie cerca, intentó robar algunas. Saltó alto varias veces, pero no pudo alcanzar las uvas. Estas estaban demasiado lejos para la altura del pobre zorro, pero igualmente se negó a darse por vencido y siguió intentando. La noche empezó a caer y el zorro comenzó a enojarse cada vez más. Ya a lo ultimo le dolían las piernas, por lo que decidió rendirse. Al alejarse, dijo: «Estoy seguro de que las uvas estaban agrias de todos modos».

Moraleja de la historia: Fingimos odiar algo cuando no podemos tenerlo.


8. La hormiga y el saltamontes

Érase una vez dos mejores amigos: una hormiga y un saltamontes. Al saltamontes le gustaba relajarse todo el día y tocar su guitarra. La hormiga, en cambio, trabajaba duro todo el día. Recolectaba comida de todos los rincones del jardín, mientras el saltamontes se relajaba, tocaba la guitarra o dormía. Este ultimo le decía a la hormiga que se tomara un descanso todos los días, pero ella se negaba y continuaba con su trabajo. Pronto llegó el invierno; los días y las noches se volvieron fríos y muy pocas criaturas salían de sus madrigueras.

En un frío día de invierno, una colonia de hormigas estaba ocupada secando algunos granos de maíz. El saltamontes muerto de frío y de hambre, se acercó a la hormiga que era su amiga y le pidió un trozo de maíz. Ella le respondió: «Trabajamos día y noche para recolectar y guardar el maíz para no morir de hambre en los fríos días de invierno. ¿Por qué deberíamos darte?» La hormiga le preguntó además: «¿Qué estabas haciendo el verano pasado? Deberías haber recolectado y almacenado algo de comida. Te lo dije antes».

El saltamontes dijo: «Estaba demasiado ocupado cantando y durmiendo».

La hormiga respondió: «Puedes cantar todo el invierno en lo que a mí respecta. No obtendrás nada de nosotros». La hormiga tuvo suficiente comida para todo el invierno, sin preocupaciones en absoluto, pero el saltamontes no y se dio cuenta de su error.

Moraleja de la historia: Debes hacer heno mientras brilla el sol.


9. Dos amigos y un oso

Un día, dos mejores amigos caminaban por un sendero solitario y peligroso a través de la jungla. Cuando el sol comenzó a ponerse, se asustaron y. para combatir el miedo, se acurrucaron juntos. De repente, vieron a un oso en su camino. Uno de los muchachos corrió hacia el árbol más cercano y lo trepó en un santiamén. El otro niño no sabía cómo trepar al árbol por sí mismo, por lo que se tumbó en el suelo, fingiendo estar muerto. El oso se acercó al niño en el suelo y olisqueó alrededor de su cabeza. Después de parecer susurrar algo al oído del niño, el oso siguió su camino. El niño del árbol se bajó y le preguntó a su amigo qué le había susurrado el oso al oído. Él respondió: «No confíes en los amigos que no te quieren».

Moraleja de la historia: Un amigo en la necesidad es un amigo de verdad.


10. Amigos para siempre

Érase una vez, un ratón y una rana, que eran los mejores amigos. Cada mañana, la rana saltaba del estanque para visitar al ratón, que vivía dentro del agujero del árbol. Pasaban tiempo juntos y luego volvía a su casa antes del anochecer. Un día, la rana se dio cuenta de que estaba haciendo un gran esfuerzo para visitar al ratón, mientras que este ultimo nunca lo fue a buscar al estanque. Esto lo enfureció y decidió arreglar las cosas llevándolo a la fuerza a su casa.

Cuando el ratón no estaba mirando, la rana ató una cuerda a la cola del ratón, ató el otro extremo a su propia pierna y saltó. El ratón empezó a ser arrastrado con él. Luego, la rana saltó al estanque para nadar. Sin embargo, cuando miró hacia atrás, vio que el ratón había comenzado a ahogarse y estaba luchando por respirar. La rana rápidamente desató la cuerda de su cola y lo llevó a la orilla. Ver al ratón con los ojos apenas abiertos entristeció mucho a la rana, e inmediatamente se arrepintió de haberlo llevado al estanque.

Moraleja de la historia: No se vengue porque puede ser perjudicial para usted mismo.


11. El elefante y sus amigos

Érase una vez, un elefante solitario que se dirigía a un bosque extraño en busca de hacer nuevos amigos. Se acercó a un mono y le dijo: «¡Hola, mono! ¿Te gustaría ser mi amigo?» El mono dijo: «Eres demasiado grande para columpiarte como yo, así que no puedo ser tu amigo». El elefante luego fue hacia un conejo y le hizo la misma pregunta. El conejo dijo: «Eres demasiado grande para caber en mi madriguera, así que no puedo ser tu amigo». El elefante también fue hacia la rana en el estanque y le hizo la misma pregunta. La rana respondió: «Eres demasiado pesado para saltar tan alto como yo, así que no puedo ser tu amiga».

La elefante estaba muy triste porque no podía hacer amigos. Entonces, un día, vio a todos los animales que se adentraban más en el bosque y le preguntó a un oso por qué tanto alboroto. El oso dijo: «El león anda suelto; están huyendo de él para salvarse». El elefante se acercó al león y le dijo: «Por favor, no lastimes a esta gente inocente. Por favor déjalos en paz». El león se burló y le pidió al elefante que se hiciera a un lado. Entonces, el elefante se enojó y empujó al león con todas sus fuerzas, hiriéndolo. Todos los demás animales salieron lentamente y empezaron a regocijarse por la derrota del león. Fueron hacia el elefante y le dijeron: «¡Tienes el tamaño perfecto para ser nuestra amigo!»

Moraleja de la historia: El tamaño de una persona no determina su valor.


12. El leñador y el hacha de oro

Había una vez un leñador que trabajaba duro en el bosque consiguiendo madera para venderla como alimento. Mientras cortaba un árbol, su hacha cayó accidentalmente al río. Este era profundo y fluía muy rápido, por lo que dio por perdida a su hacha y no pudo encontrarla nuevamente. Se sentó a la orilla del río y comenzó a llorar.

Mientras lo hacía, el Dios del río se levantó y le preguntó qué había pasado. El leñador le contó la historia y éste se ofreció a ayudarlo buscando su hacha. Desapareció en el río y recuperó un hacha dorada, pero el leñador dijo que esa no era suya. Desapareció de nuevo y regresó con un hacha de plata, pero el leñador dijo que tampoco era la suya. Nuevamente volvió a desaparecer en el agua y regresó con un hacha de hierro; el leñador sonrió y dijo que era la suya. El Dios quedó impresionado con la honestidad del leñador y le regaló tanto el hacha de oro como la de plata.

Moraleja de la historia: La honestidad siempre es mejor.


13. El león codicioso

Un día caluroso de verano, un león en el bosque comenzó a sentir hambre. Estaba empezando a buscar su comida cuando se encontró con una liebre deambulando sola. En lugar de atraparla, el león la dejó ir: «Una liebre pequeña como esta no puede satisfacer mi hambre», dijo y se burló de ella. Entonces, pasó un hermoso ciervo y decidió arriesgarse: corrió y corrió detrás del mismo, pero como estaba débil por el hambre, no pudo mantener la velocidad del ciervo. Cansado y derrotado, el león volvió a buscar a la liebre para llenar su estómago por el momento, pero ya no estaba. El león estaba triste y tuvo hambre durante mucho tiempo.

Moraleja de la historia: La codicia nunca es algo bueno.


14. El león y el ratón

Una vez, un león dormía en la jungla cuando de repente un ratón comenzó a correr por encima y por debajo de su cuerpo solo por diversión. Esto perturbó el sueño del león y se despertó bastante enojado. Estaba a punto de comerse al ratón cuando le pidió desesperadamente que lo dejara libre. «Te prometo que algún día te seré de gran ayuda si me salvas». El león se rió de la confianza del ratón y lo dejó ir.

Un día, unos cazadores llegaron al bosque y se llevaron al león con ellos. Lo ataron contra un árbol y automáticamente comenzó a rugir y a luchar por salir. Pronto, el ratón que justo pasaba por allí, notó que el león estaba en problemas. Rápidamente, corrió y mordió las cuerdas para liberarlo. Ambos se adentraron en la jungla y fueron felices para siempre.

Moraleja de la historia: Un pequeño acto de bondad puede ser de gran ayuda.


15. Bailey el cachorrito

Bailey era un cachorrito muy curioso; le gustaba analizar todo lo que lo rodeaba y era super juguetón. Tenía un pelaje dorado como el color del caramelo y una linda carita, patas y cola de color blanco.

Cuando la familia de Bailey lo recogió para llevarlo a su hogar, Robbie, quien se convertiría en su mejor amigo, se acurrucó con él en su regazo, lo que lo hizo sentir seguro y protegido. Cuando llegaron finalmente a la casa y Robbie abrió la puerta, Bailey saltó y corrió por todos lados muy emocionado; ¡Había tanto que ver y oler! Rodó por todas las hierbas del jardín y olió cada una de las flores que allí había.

«Bailey», le gritó Robbie, «¡ten cuidado cuando hueles las flores, una abeja podría picarte!». Robbie lo sabía porque unos días antes, mientras recogía flores para su madre, le picaron.

Bailey no prestó atención a Robbie; estaba demasiado emocionado y curioso. Corrió al granero para ver qué había allí. Olió a los animales (Había caballos, vacas, cerdos y cabras) y salto de aquí para allá.

«Bailey, ten cuidado; el caballo o la vaca pueden patearte». Robbie lo sabía porque él mismo había tenido muchos problemas con ellos. Ignorando a Robbie, corrió hacia los corrales de gallinas y asomó la nariz hasta el alambre.

«¡Bailey, ten cuidado, te pueden picotear!». Robbie estaba tratando de seguirle el ritmo, lo cual era difícil porque era muy rápido. ¡Tener un cachorro era agotador! Robbie sabía lo de las gallinas porque él mismo había sido picoteado varias veces cuando recogía huevos para su madre. Pero a Bailey no le importaba, estaba tan emocionado por todas las nuevas vistas y olores que no tenía miedo de nada.

Finalmente, cansado de tanto correr; después de todo era solo un cachorrito, se dejó caer en el suelo luciendo muy feliz. Robbie lo recogió y lo llevó a la casa.

«Mira, Bailey», ahí está tu cama en la esquina, ¡vas a dormir en mi habitación!» dijo Robbie. Había una nueva cama para perros mullida que la mamá de Robbie le había comprado. Después de su gran día emocionante, Bailey se acostó y se durmió rápidamente.

A la mañana siguiente, cuando Robbie sacó a Bailey afuera, corrió directamente hacia las flores, metió la nariz hasta el fondo y olió. Efectivamente, un gran abejorro salió volando y lo picó en la nariz.

«¡YIP!» gritó Bailey, sonando bastante sorprendido.

«¡Bailey, te dije que tuvieras cuidado!»

Ignorando a Robbie, corrió al establo hacia un establo abierto y, efectivamente, un caballo trató de patearlo.

«¡Bailey, te dije que no!»

Pero eso aún no lo detuvo. Corrió hacia el corral de gallinas, asomó la nariz y una lo picoteó repentinamente.

«¡¡Yip, Yip !!» Bailey se echó hacia atrás, negó con la cabeza y corrió hacia Robbie, quien rápidamente lo levantó y le dio un gran abrazo y beso.

«¡Mira a Bailey, intenté decírtelo!»

Bailey había aprendido la lección, desde entonces, ¡¡nunca más metió la nariz donde no le correspondía!!